Sin trabajadores no hay energía. Sin energía no hay Nación.
Este 13 de julio no nos encuentra en un tiempo cualquiera.
Nos encuentra en una Argentina herida, donde el salario pierde valor, donde miles de familias hacen cuentas para llegar a fin de mes, donde los jubilados son empujados a la angustia, donde la industria se apaga, las pymes resisten como pueden y el trabajo vuelve a ser presentado como un costo antes que como la base moral, económica y social de la Patria.
En este contexto, el Día del Trabajador de la Electricidad no puede ser solamente una conmemoración.
Debe ser también una declaración de principios.
Porque cada vez que una lámpara se enciende, cada vez que una familia abre una canilla y encuentra agua potable, cada vez que una escuela tiene calefacción, cada vez que un hospital funciona, cada vez que una comunidad recupera un servicio después de una tormenta, hay trabajadores y trabajadoras que lo hicieron posible.
En la Patagonia, esa tarea tiene un valor todavía más profundo.
Acá se trabaja con viento, con nieve, con frío, con rutas interminables, con emergencias que no esperan y con distancias que muchas veces sólo conocen quienes salen de madrugada para devolverle luz, agua, saneamiento o gas a una comunidad.
No hablamos de privilegios. Hablamos de responsabilidad. Hablamos de oficios. Hablamos de experiencia.
Hablamos de hombres y mujeres que sostienen servicios esenciales para la vida cotidiana de nuestro pueblo.
Por eso rechazamos con firmeza cualquier intento de instalar que los trabajadores son el problema de la Argentina.
Los trabajadores no endeudaron al país.
No fugaron capitales. No especularon con los alimentos. No destruyeron el poder adquisitivo. No cerraron fábricas. No vaciaron empresas públicas.
No entregaron los recursos estratégicos de la Nación.
Los trabajadores, por el contrario, son quienes sostienen de pie a la Argentina cuando todo parece tambalear.
Son quienes producen, reparan, atienden, mantienen, recorren, arriesgan y responden.
Son quienes muchas veces no aparecen en los discursos oficiales, pero aparecen siempre cuando una comunidad los necesita.
La energía no puede pensarse solamente como una mercancía. La energía es soberanía.
El agua es dignidad. El saneamiento es salud pública. El gas es abrigo, producción y vida en nuestra tierra patagónica.
Y los servicios públicos esenciales no pueden quedar librados únicamente a la lógica fría del mercado, porque cuando el Estado se retira, cuando la inversión se posterga y cuando el ajuste cae sobre los trabajadores, el costo lo termina pagando todo el pueblo.
Desde el Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia sabemos que defender a los trabajadores de la electricidad, del agua, del saneamiento y del gas es defender mucho más que un salario.
Es defender el derecho de nuestras comunidades a vivir con dignidad. Es defender la presencia del Estado donde el mercado no llega. Es defender el federalismo real, ese que no se declama desde un escritorio, sino que se construye en cada localidad, en cada cooperativa, en cada empresa pública, en cada guardia, en cada cuadrilla y en cada puesto de trabajo.
No hay desarrollo nacional posible sin energía. No hay justicia social posible sin servicios públicos accesibles y de calidad. No hay Patagonia posible sin trabajadores reconocidos, respetados y protegidos.
Por eso, en este 13 de julio, reafirmamos nuestro compromiso histórico: defender cada puesto de trabajo, cada Convenio Colectivo, cada derecho conquistado y cada bandera levantada por quienes nos precedieron.
Porque los derechos que hoy algunos cuestionan no fueron regalos.
Fueron conquistas. Fueron luchas. Fueron organización. Y también fueron el sacrificio de compañeros y compañeras que dieron su vida, que fueron perseguidos, desaparecidos o asesinados por defender la dignidad de los trabajadores.
No aceptaremos que se degrade el salario.
No aceptaremos que se ataque la organización sindical.
No aceptaremos que se debiliten los Convenios Colectivos.
No aceptaremos que se utilice la crisis como excusa para retroceder en derechos que costaron décadas de lucha.
A cada compañero y compañera que trabaja en la electricidad, el agua, el saneamiento y el gas, nuestro abrazo profundo y nuestro reconocimiento sincero.
A quienes salen cuando otros descansan.
A quienes responden cuando la emergencia golpea.
A quienes sostienen el servicio con compromiso, aun en los momentos más difíciles.
A quienes entienden que trabajar en un servicio esencial no es solamente cumplir una tarea: es servir a la comunidad.
Este 13 de julio no celebramos solamente un oficio.
Celebramos una historia.
Celebramos una identidad.
Celebramos la dignidad del trabajo organizado.
Porque la verdadera fuerza de la electricidad no está sólo en los cables.
Está en las manos, en el conocimiento, en la entrega y en la conciencia de clase de quienes la hacen posible.
Sin trabajadores no hay energía.
Sin energía no hay producción.
Sin producción no hay Nación.
Y sin justicia social no hay futuro para ningún pueblo.
¡Feliz Día del Trabajador de la Electricidad!
SINDICATO REGIONAL DE LUZ Y FUERZA DE LA PATAGONIA