Hay momentos en la historia de los pueblos en los que las diferencias pierden importancia frente a una realidad que nos golpea a todos. La Argentina está atravesando uno de esos momentos.
Estamos golpeados como sociedad, como trabajadores, como jubilados, como organizaciones, como familias. Está golpeado el que perdió su empleo y el que todavía lo conserva, pero no sabe hasta cuándo. El que trabajó toda su vida y hoy no puede vivir dignamente de su jubilación. La persona con discapacidad que reclama sus derechos. El enfermo que necesita atención. La madre o el padre que hace cuentas frente a una góndola y descubre que el dinero ya no alcanza para llevar alimentos a su casa.
Y mientras enfrentamos estas dificultades cotidianas, también está en juego algo que nos pertenece a todos: nuestra soberanía, nuestros recursos naturales y la posibilidad de decidir sobre nuestro propio futuro. Porque un país que pierde el control de sus riquezas y de sus decisiones estratégicas también compromete las oportunidades de las generaciones que vendrán.
Desde el Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia, Héctor Rubén González ha sostenido siempre una convicción que hoy adquiere una dimensión profundamente humana y cristiana: tenemos que encontrarnos en las coincidencias y no en las disidencias.
Porque quizás nunca como ahora tuvimos tantas razones para buscar encontrarnos.
Podemos pensar distinto, tener historias diferentes, pertenecer a organizaciones o partidos políticos diferentes. Pero el dolor de un jubilado no tiene ideología. El hambre de un niño no distingue ideologías partidarias. La enfermedad no pregunta a quién votamos. Y la pérdida del trabajo golpea con la misma dureza, cualquiera sea nuestra manera de pensar.
Hoy coincidimos, lamentablemente, en las dificultades. El desafío es empezar a coincidir también en las soluciones.
No se trata de negar nuestras diferencias ni de renunciar a nuestras convicciones. Se trata de comprender que ninguna sociedad puede reconstruirse si sus integrantes se miran permanentemente como enemigos.
Necesitamos recuperar el respeto, la solidaridad, el valor de la palabra y la responsabilidad de hacer las cosas bien, aun cuando otros no lo hagan. Necesitamos volver a reconocernos en el otro, sin olvidar que detrás de cada necesidad hay una persona y detrás de cada derecho, una historia de lucha y una necesidad de resolver.
La Argentina tiene recursos, tiene trabajadores, tiene conocimiento y tiene una historia de enormes esfuerzos colectivos. Lo que no puede permitirse es perder su sentido de comunidad ni resignar su soberanía y su patrimonio estratégico.
Porque si hoy nos encontramos en el dolor, también tenemos que ser capaces de encontrarnos en la esperanza.
No para resignarnos a lo que sucede, sino para reconstruir, entre todos, una sociedad más justa, más solidaria y, fundamentalmente, más humana.
Una Argentina en la que vivir dignamente no sea un privilegio, en la que nuestros recursos estén al servicio del desarrollo nacional y en la que nuestras coincidencias sean, por fin, más fuertes que nuestras diferencias.
¡Las necesidades del ser humano no tienen color político partidario!
SINDICATO REGIONAL DE LUZ Y FUERZA DE LA PATAGONIA