Sindicato Regional de
Luz y Fuerza de la Patagonia

Nos detenemos 90 minutos como Argentinos

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Y es increíble lo que somos capaces de hacer por esos 90 minutos.

El almacenero fía una cerveza más porque sabe que juega la Selección.

El padre compra unos choris o arma una picada, aunque la tarjeta de crédito ya no tenga margen. «Después veremos cómo hacemos», se dice. Porque hoy juegan los colores que ama desde que era chico.

La mamá prepara la mesa con lo que hay. Los chicos buscan la camiseta. La bandera vuelve a salir del cajón y aparece en el balcón, en el auto o colgada en una ventana. Se repite la misma cábala de siempre, como si pudiera cambiar el destino de una pelota.

Y durante 90 minutos somos felices.

Nos abrazamos con desconocidos. Nos emocionamos. Gritamos un gol como si por un instante desaparecieran todas las preocupaciones.

Durante esos 90 minutos no existen las diferencias políticas, sociales o económicas. Volvemos a sentir que somos un solo pueblo.

Y eso es maravilloso.

Porque un pueblo que todavía puede emocionarse es un pueblo que aún conserva esperanza.

Pero el árbitro marca el final.

Y la Argentina que dejamos en pausa vuelve a esperarnos.

Vuelven las cuentas que no cierran. Las tarjetas de crédito al límite. Los comercios vacíos. Las pequeñas y medianas empresas que luchan por no bajar sus persianas. Las industrias que cierran. Los trabajadores que viven con el miedo de perder su empleo. Los jubilados que deben elegir entre comprar medicamentos o alimentos. Los jóvenes que sienten que el futuro está cada vez más lejos.

Mientras nosotros gritábamos un gol, el país siguió su curso.

Siguieron tomándose decisiones que no duran 90 minutos.

Decisiones que comprometen el presente y el futuro de generaciones enteras.

Y entonces aparece una pregunta que duele.

¿Por qué la Argentina que soñamos solamente aparece durante un partido de fútbol?

¿Por qué somos capaces de unirnos detrás de una camiseta y nos cuesta tanto unirnos para defender el trabajo, la producción, la educación, la salud y el futuro de nuestra Nación?

No escribo estas palabras para cuestionar el fútbol.

El fútbol es del pueblo. Es una de las pocas cosas que todavía logra abrazarnos sin preguntarnos quiénes somos o qué pensamos.

Lo que duele es que muchas veces esa alegría dure apenas 90 minutos.

Porque cuando termina el partido, seguimos encontrándonos con una realidad cada vez más difícil.

La Argentina sigue perdiendo empresas. Sigue perdiendo puestos de trabajo. Sigue perdiendo producción. Sigue perdiendo oportunidades. Y también corre el riesgo de perder aquello que ningún país debería resignar jamás: la capacidad de decidir su propio destino.

Porque no solo está en juego la economía.

Está en juego el país que vamos a dejarles a nuestros hijos.

Está en juego el trabajo argentino.

Está en juego el futuro de las personas con discapacidad.

Está en juego la universidad pública.

Están en juego nuestros jubilados.

Está en juego la industria nacional.

Están en juego nuestras pequeñas y medianas empresas.

Está en juego nuestro territorio.

Y, en definitiva, está en juego nuestra soberanía nacional y regional.

Disfrutemos esos 90 minutos.

Cantemos. Abracémonos. Llenemos las calles de celeste y blanco.

Pero cuando el árbitro haga sonar el silbato final, no dejemos también en la cancha nuestra memoria, nuestra conciencia y nuestro compromiso con la Argentina.

Porque los partidos duran 90 minutos.

Pero el futuro de un pueblo se juega todos los días.

SINDICATO REGIONAL DE LUZ Y FUERZA DE LA PATAGONIA

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