
La Revolución de Mayo no fue solamente reemplazar un virrey.
Fue el inicio de una pelea histórica por quién debía decidir el destino de estas tierras: los pueblos o los poderes económicos de turno. 216 años después, esa discusión sigue más viva que nunca. Cuando se destruye el trabajo, se entrega la soberanía y se gobierna de espaldas al pueblo, la Patria deja de ser un proyecto colectivo para convertirse en un negocio para unos pocos. Nos quieren hacer creer que los derechos son un gasto, que la organización molesta y que cada argentino debe salvarse solo.Pero la historia demuestra otra cosa:ningún pueblo construyó libertad destruyendo su industria, abandonando a sus trabajadores o resignando su dignidad. Por eso el 25 de Mayo no es solamente memoria.También es presente.Es organización.Es conciencia.Es

