Hay nombres que uno aprende en su casa antes de entender la historia. Los escucha en la mesa, en las conversaciones de los mayores, en el recuerdo de una madre o de un abuelo. Perón es uno de esos nombres. Para muchas familias trabajadoras, está unido al momento en que la vida empezó a ofrecer algo más que sacrificio: un descanso, unas vacaciones, la posibilidad de estudiar, la tranquilidad de imaginar un futuro para los hijos.
Este 8 de octubre lo recordamos desde ese lugar. Desde la memoria de nuestro pueblo y desde el compromiso de quienes seguimos creyendo que la Argentina debe construirse con los trabajadores adentro, con sus derechos, con su voz y con su capacidad de decidir.
Su llamado a que todo el movimiento se movilice y se incorpore a la acción nos toca de cerca. Cuando pide que cada peronista, en todo momento y en todo lugar, haga más de lo preciso por la liberación de la Patria y de su pueblo, nos deja una responsabilidad que sigue viva. Nos habla a cada uno, pero nos convoca a encontrarnos. Porque ninguna voluntad, por grande que sea, alcanza sola para cambiar el destino de un pueblo.
Los trabajadores conocemos el valor de ese encuentro. Sabemos lo que significa llegar cansados y, aun así, quedarse a una asamblea. Acompañar a un compañero que teme perder su trabajo. Defender el convenio que otros conquistaron y que nosotros tenemos la obligación de entregar fortalecido a quienes vienen detrás. Sabemos también cuánto duele sentir que el esfuerzo de toda una vida puede volverse insuficiente.
Por eso hacemos sindicalismo. Porque detrás de cada discusión salarial hay una familia. Porque un recibo de sueldo se convierte en comida, alquiler, medicamentos y útiles escolares. Porque cuando defendemos un puesto de trabajo, defendemos también la dignidad de una persona y la paz de su casa. Esa es la materia de nuestro compromiso: la vida concreta de nuestros compañeros.
Y por eso hacemos política. Porque el salario, el empleo, la energía, los recursos naturales y el futuro de nuestras comunidades dependen de decisiones. Los trabajadores tenemos derecho a intervenir en ellas. Tenemos experiencia, tenemos memoria y tenemos una voz que debe estar presente donde se define cómo se distribuye la riqueza y qué país vamos a dejarles a nuestros hijos.
La liberación de la Patria tiene ese sentido profundo: poder decidir nuestro destino. Que la riqueza de nuestra tierra contribuya al bienestar de nuestro pueblo. Que el trabajo permita vivir con dignidad. Que un joven pueda proyectar su futuro en el lugar donde nació. Que nuestros mayores encuentren cuidado y respeto después de tantos años de esfuerzo.
Desde la Patagonia, esa responsabilidad se siente en cada localidad, en cada servicio que sostenemos, en cada compañero que pone su conocimiento y su cuerpo para que la vida de los demás continúe. Aquí sabemos cuánto vale la solidaridad. Las distancias nos enseñan que nadie llega demasiado lejos si abandona al que tiene al lado.
Recordar a Perón nos compromete también a mirar hacia adentro. A escuchar más, a estar más cerca, a abrir las puertas de nuestras organizaciones. A recuperar la confianza de quienes se alejaron y a darles lugar a los jóvenes que necesitan encontrar una causa, una tarea y compañeros con quienes compartirla. La unidad se construye con presencia, con respeto y con responsabilidades compartidas.
Hacer más de lo preciso puede empezar ahí: en la llamada que venimos postergando, en la reunión a la que decidimos asistir, en el compañero al que volvemos a buscar. En la voluntad de poner algo de nosotros al servicio de una esperanza común, aun cuando estemos cansados.
Perón cumple. Y nosotros lo recordamos con el corazón puesto en el pueblo, con las manos dispuestas al trabajo y con la convicción de que todavía tenemos una Patria por construir.
Que ningún compañero sienta que debe pelear solo. Que nuestras organizaciones sean un lugar donde encontrar fuerza y abrigo. Que nuestros hijos reciban, junto con la memoria de lo conquistado, el ejemplo de quienes tuvieron el coraje de seguir luchando por ellos.
Por Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia
Héctor Rubén González – Secretario General
Juan Domingo Espinoza – Secretario General Adjunto