Desde 1983, la democracia fue una conquista irrenunciable del pueblo argentino.
Pero también fue el escenario de tres grandes engaños políticos que tuvieron un mismo objetivo: disciplinar a la clase trabajadora y transferir riqueza hacia los sectores concentrados de la misma.
El primer gran engaño se llamó Carlos Saúl Menem.
Ganó diciendo: “Síganme que no los voy a defraudar”.
Prometió peronismo, justicia social; producción; trabajo; salariazo y recuperación de las Islas Malvinas..!!
Después lo confesó sin pudor, en el programa que conducía Mirta Legrand
“Si decía lo que iba a hacer Mirta, no me votaba nadie…!!”
Menem no se equivocó: mintió con el propósito de
aplicar el programa del FMI, privatizó las empresas del Estado, entregó YPF; Aerolíneas Argentina; los ferrocarriles; ENTEL; Gas del Estado; Agua y Energía.
Destruyó el aparato productivo y dejó un país endeudado, desindustrializado y con millones de desocupados.
El “1 a 1” fue una fantasía que enriqueció a pocos y empobreció a muchos.
Mientras algunos viajaban a Miami, los Trabajadores perdían empleo, derechos y futuro.
No fue peronismo: fue neoliberalismo puro disfrazado de discurso popular con el “Ismo” lejos del Perón Ismo..!!
El segundo engaño fue Mauricio Macri.
Prometió “Pobreza Cero”, diálogo y modernización.
Lo que dejó fue endeudamiento récord con el FMI; fuga de capitales; tarifazos; cierre de fábricas y una caída brutal del salario real.
Macri gobernó para el poder económico y financiero.
Intentó imponer reformas laborales regresivas, demonizó a los sindicatos, persiguió dirigentes gremiales y buscó instalar la idea de que los derechos laborales eran un “costo”; una cosa es el costo laboral y otra muy distinta es el costo salarial..!!
Su gobierno profundizó la desigualdad y preparó el terreno para una ofensiva aún más brutal como la que estamos viviendo hoy día.
El tercer engaño es Javier Milei.
No surgió de la nada.
Es un producto diseñado por los grupos económicos concentrados, amplificado por los grandes medios de comunicación y sostenido por el odio de clase.
No es antisistema: es el “sistema sin maquillaje”.
Milei viene por todo:
por el salario; por las jubilaciones; por la industria nacional; por el Estado y, especialmente, por los sindicatos y asimismo por la salud de los más vulnerables y desposeídos (léase pacientes con tratamientos oncológicos; con discapacidades; y el tratamiento de crueldad y morbosidad para con el Hospital Garrahan).
Busca romper la organización colectiva para dejar al Trabajador y/o la Trabajadora solo, e indefenso y sometido al designio del mercado.
Estos tres gobiernos —Menem; Macri y Milei— no fueron hechos aislados.
Fueron tres experimentos neoliberales distintos, pero con un mismo objetivo y contra el Movimiento Obrero Organizado.
Porque saben algo fundamental:
los sindicatos son el último bastión de la Argentina de defensa de los Trabajadores frente al poder económico y financiero y de la Patria misma.
Por eso intentaron y siguen intentando destruirlos, desprestigiarlos y debilitarlos.
En más de 40 años de democracia, la enseñanza es clara:
cada vez que el neoliberalismo avanza, lo hace contra el trabajo, contra los derechos y contra la organización sindical que colectivamente defiende sus intereses del Trabajador y/o Trabajadora y su Familia.
Por eso la historia no se recuerda: se aprende.
Para no volver a caer en los mismos engaños.
Para entender que sin sindicatos fuertes no hay salarios dignos, no hay derechos y no hay justicia social, no hay salud, ni alimentación para el Trabajador y para su Familia, como así tampoco estudios universitarios, ni Convenios Colectivos de Trabajo.
La salida nunca fue individual.
La salida siempre fue y es colectiva.
Con memoria, organización y un Movimiento Obrero de pie.
Porque la democracia sin justicia social es una cáscara vacía.
Y los derechos no se negocian: se defienden y se lucha por conquistar o reconquistarlos y/o mantenerlos vigentes.
