Por cada Compañero. Por cada Compañera.
Por cada pequeña actitud que, sumada a la del otro, hace grande a nuestra organización.
Pero la unidad también se comprende cuando vemos en el otro a un Compañero.
Cuando entendemos que no todos sentimos igual, que no todos tenemos la misma historia, ni la misma manera de estar en el mundo.
Podemos tener más empatía con algunos que con otros, es natural.
Pero eso no cambia lo esencial:
todos somos parte del mismo sindicato, de la misma lucha y del mismo destino.
La verdadera unidad nace cuando dejamos de ver diferencias y empezamos a ver responsabilidad colectiva.
Cuando reconocemos que el Compañero —aunque piense distinto, aunque tenga otro carácter, aunque venga de otra seccional— es parte de uno mismo.
Porque si a él lo tocan, nos tocan a todos.
Y si él avanza, avanzamos todos.
Esto vale siempre, pero hoy más que nunca.
En un país donde el gobierno de Milei impulsa el desmantelamiento del Estado, entrega recursos nacionales y busca dejar a cada Trabajador librado a su suerte, la organización sindical no puede darse el lujo de fragmentarse.
Tenemos que estar juntos y unidos, desde arriba hacia abajo y desde abajo hacia arriba:
del Secretario General al último afiliado.
La unidad se construye con conciencia, con humildad y con la decisión diaria de no caer en la división interna que otros quieren sembrar.
Cuando cada uno comprende que su energía afecta a la del Compañero, que su actitud fortalece o debilita al conjunto, ahí aparece la verdadera fuerza de Luz y Fuerza de la Patagonia.
Atreverse a pensar en unidad es entender esto:
que somos distintos, pero Compañeros.
Que podemos no coincidir en todo, pero sí en lo esencial:
defender nuestra organización, nuestros derechos, nuestra obra social, nuestro convenio y la soberanía de nuestra Patagonia.
Porque cuando cada uno da un paso hacia la unidad,
la organización entera avanza.
Y cuando toda la organización avanza,
no hay reforma, ajuste ni entrega que pueda contra nosotros.
Sigamos así:
de a uno, pero juntos y unidos.
Sintiendo al sindicato como parte de nosotros mismos,
y al Compañero como una extensión y de esa misma luz y fuerza que nos sostiene y contiene.
Juan Domingo Espinoza
Héctor Rubén González