La tierra no es un recurso. Es soberanía, identidad y destino.
Durante décadas, la vasta extensión de nuestro país fue objeto de codicia de potencias extranjeras, intereses concentrados y gobiernos que acompañaron ese rumbo, moldeando una realidad donde defender lo propio tuvo costo. Y quienes se plantaron con coraje, en nombre de la soberanía, muchas veces fueron sometidos.
La discusión sigue abierta y es urgente:
la distribución de la tierra, la desconcentración, la lucha contra el latifundio, contra los pools de siembra, contra el modelo de monocultivo que agota el suelo y expulsa a su gente.
Pero también contra nuevas formas de apropiación: el avance de la megaminería en territorios sensibles, la compra indiscriminada de miles de hectáreas por capitales extranjeros y la permanente tensión sobre leyes que deberían proteger lo que es de todos, como la Ley de Glaciares.
Porque lo que se posterga no es un debate técnico.
Es el derecho de un pueblo a trabajar su tierra.
Es el derecho de un Estado a proteger, acompañar y fortalecer esa producción.
Año tras año vemos la lucha de pueblos enteros por sostener ese derecho. También acá, en la Patagonia, nuestros pueblos resisten al olvido, defendiendo su tierra frente al avance del despojo, la concentración y los intereses que ven el territorio solo como un negocio.
Porque no es algo que pasa lejos.
Pasa acá, en el sur, ahora.
En nuestros campos, en nuestras comunidades, en nuestra propia tierra. Mientras tanto, miles de comunidades de pueblos originarios, campesinas y pequeños productores son expulsados, empujados a las periferias y condenados a la pobreza, bajo la amenaza constante del desalojo.
Y en esta tierra que habitamos, la discusión se vuelve aún más profunda.
Porque la Patagonia concentra una riqueza inmensa: agua dulce, viento, energía, mar, minerales y una biodiversidad única. Recursos estratégicos que hoy están en disputa.
La Patagonia no es un territorio vacío.
Es vida, es trabajo, es futuro.
El verdadero desafío es claro: que esa riqueza esté al servicio de quienes la habitan y construyen este suelo, y no de intereses que vienen, extraen y se van, dejando pasivos ambientales, laborales y sociales, sin agregado de valor sobre lo que se llevan. Decisiones que se toman en el norte y, lamentablemente, las padecemos quienes habitamos el sur.
Defender la tierra es defender la soberanía.
Defender la tierra es defender a su gente.
Defender la tierra es decidir el rumbo de un país.
Sin ocupación territorial, sin agua y sin energía eléctrica sustentable, no hay futuro.
EL FUTURO TAMBIÉN SE DEFIENDE, DESDE AQUÍ…!!!
EN EL SUR…!!!
Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia
Héctor Rubén González – Secretario General
Juan Domingo Espinoza – Secretario Adjunto