Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia

LLevo en sus oídos

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El peronismo cumple hoy 50 años sin Perón.

Fue el 1º de julio de 1974 a las 13:15 horas. María Estela Martínez de Perón, que ya estaba ejerciendo la presidencia, hizo el anuncio a las 14:10 horas, “diciendo, con gran dolor debo transmitir al pueblo de la Nación Argentina el fallecimiento de este verdadero apóstol de la paz y la no violencia”. Su muerte fue en sí misma un golpe político fenomenal. Los casi 30 años transcurridos desde aquel mítico 17 de octubre de 1945, hasta ese dramático 01 de julio de 1974 que forjaron en los sectores populares una conciencia muy particular. Es frecuente ver a esas masas como el telón de fondo, la escenografía que da el marco a la épica justicialista. Sin embargo, todo líder, todo caudillo, forma y es formado por las multitudes, por los Trabajadores. El rol de catalizador y aglutinador de esa masa dispersa, que no se construye desde la lógica institucional. Por eso en gran medida esos líderes son insustituibles. Perón, entre otras muchas cosas, fue un producto de los Trabajadores argentinos, y su muerte generó un vacío político desgarrador, la antesala de una tragedia. Detrás de ese ¡viva Perón! con los dedos en V había mucho más que un simple culto a la personalidad.
Es que Juan Domingo Perón conmovió el país “natural” de la desigualdad, la inequidad y la explotación de una elite cruel y despiadada. Juan D. Perón cambió las estructuras de nuestro país: Los postergados de cientos de años se reunieron en torno a sus políticas; junto a Perón estaban los olvidados mestizos y maltratados inmigrantes, los abandonados del país liberal, quienes sentían a aquel general, como uno de los suyos, al que veían como garantía de que “la estancia” no volviera a cerrar las tranqueras sobre sus vidas y trabajos.
Los jornaleros de los que hablaba Dorrego, el pueblo federal desde Güemes hasta Felipe Varela; los negros y mestizos de Artigas, los gauchos desplazados de José Hernandez, los radicales yrigoyenistas de los barrios; los ucranianos, polacos, italianos, gallegos, vascos que se deslomaban en los talleres y fábricas de Buenos Aires, Rosario, La Plata, Berisso y Ensenada. Los históricos desheredados, junto a las mujeres Trabajadoras, todos habitantes explotados de la tierra más rica del Cono Sur, que se movieron como una sola persona junto a su líder.
Juan Domingo Perón instala también a los Trabajadores como demandantes, como sujetos colectivos que tienen algo que decir y que tienen derecho a decirlo. Que elijen un liderazgo, lo reclaman y lo instalan. La política argentina dejará de ser la misma desde Perón en adelante, a la política de círculo, de grupitos de elegidos, de clubes, de acuerdos secretos y espurios, el peronismo le opondrá la imagen y la práctica que inaugurada en la Plaza de Mayo el 17 de Octubre de 1945 se instalará en el balcón de la Casa Rosada: el diálogo directo con los Trabajadores, la política masiva, abierta, multitudinaria, donde el que conduce y los/as Trabajadores/as y proponen y escuchan mutuamente.
Con Perón toda una nueva conducción obrera se erige y organiza. Las viejas conducciones obreras, formadas en las categorías de análisis eurocéntricas, fueron barridas por las nuevas conducciones obreras que rápidamente se organizaron para defender el liderazgo del general (y, junto a ello sus propios intereses).
Porque de tanto interpretar y reinterpretar el peronismo con las anteojeras de la historia oficial o del prejuicio elitista, se ha olvidado un punto esencial del liderazgo inaugurado por él: en el peronismo es la clase trabajadora el actor principal y son Perón (y Eva Perón) sus intérpretes, la clase obrera trabajadora, heterogénea, mestiza e inmigrante, la que ocupa las Plazas, los sindicatos, los espacios públicos, las escuelas y las universidades.
Nada fue igual después de Perón. Para muchos, la enorme mayoría del pueblo argentino, su muerte presagiaba tiempos de una oscuridad creciente. Otros, que no lo habían entendido en vida, comenzaban a comprender, tardíamente, la importancia de su figura.
Hoy, a 50 años de su fallecimiento, creemos que el renacer de la Argentina tendrá en las páginas de su legado, en los tres conceptos claves que formuló a mediados del siglo XX: Soberanía Política; Independencia Económica y Justicia Social.
Retomar la Doctrina Peronista significa retomar las mejores tradiciones de nuestro pueblo: es la realización de un modelo de país fundamentalmente a través del concepto del trabajo, del Movimiento Obrero Organizado, (que de ser la columna vertebral del movimiento que creara su conductor, Juan Domingo Perón, a esta actualidad, que estamos a costilla del partido justicialista),del Estado presente y de la puesta en marcha de la potencialización de nuestros recursos en pos de un país industrial, con pleno empleo y con todos sus ciudadanas y ciudadanos realizados, en simples palabras… Volver a Perón…!!
Con las actualizaciones doctrinarias necesarias, a estos tiempos, pero Volver a Perón..!!

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